Los Borgia. La primera familia del crimen.

El acceso al papado del cardenal español Alejandro de Borja (1368-1458) supuso el origen de una de las sagas más corruptas, depravadas, insidiosas y criminales de la historia de Roma. Subió al trono de San Pedro con el nombre de Calixto III y casi de inmediato ascendió a su sobrino Rodrigo Borja a su séquito, éste se instaló en el palacio de Sant´Angelo y comenzó a vivir como un rey, rodeado de inmensos lujos e instigando sus traiciones, sobornos y múltiples intrigas. En poco tiempo, Rodrigo se convirtió en el cardenal más rico de la curia.

La familia que asesina unida, permanece unida. Los Borgia, la primera familia del crimen. Clic para tuitear

Su brillante carrera como cardenal le llevo también al papado en 1492, como Alejandro VI. Dicho nombramiento estuvo salpicado de escándalos, como el pago de 15.000 ducados a cada uno de los cardenales electores y las promesas —después cumplidas— de innumerables dádivas, abadías, obispados, feudos y cargos eclesiásticos varios.

No era ningún secreto que, al acceder al trono, el papa Alejandro VI convivía sin recato alguno con Vannozza Catanei y que ya le había hecho padre de cuatro hijos legítimos; César, Godofredo, Giovanni y Lucrecia; y es posible que otros tres no reconocidos. Las prebendas y beneficios para con Vannozza fueron tales que al morir en 1518, los monjes agustinos de la iglesia donde fue enterrada se encontraron con misas pagadas en su honor durante los siguientes 200 años.

Para aumentar y consolidar su poder, el papa Alejandro VI no dudó en usar a sus hijos; casó a sus hijas ilegítimas con romanos de alta cuna, César era obispo de Pamplona a los 16 años; Godofredo se casó con la hija del rey de Nápoles; y Lucrecia, con apenas 10 años, ya estaba comprometida con un notario de Roma; si bien es cierto que acabaría casada a la temprana edad de 13 años con Giovanni Sforza, de 26.

César Borgia parecía llamado a suceder a su padre y no dudó en asesinar a uno de sus hermanos ilegítimos cuando este empezó a ascender con la ayuda de los reyes Católicos. Se llamaba Juan y apareció flotando en el Tíber con 9 puñaladas mortales. Su padre no se atrevió a procesarlo y tan solo le hizo abandonar la carrera eclesiástica. Sin embargo, el distanciamiento entre ambos no duró mucho. Pronto hubieron de colaborar para deshacer el matrimonio de Lucrecia y entregarla al príncipe napolitano Alfonso de Bisceglie. Para ello alegaron la virginidad de Lucrecia y que el matrimonio con Sforza nunca había sido consumado. Por si el escándalo había quedado oculto a oídos de alguien, la joven accedió a la ceremonia de anulación de su enlace embarazada de 6 meses. Incluso su padre y hermano quedaron sorprendidos al descubrir que el padre de la criatura no era el exmarido de su hermana, sino un tal Pedro Calderón, el mensajero de la familia. Fue asesinado por César en la sede papal ante numerosos testigos, mientras pedía clemencia y sin que nadie se atreviese a intervenir y mucho menos a presentar cargos.

Poco después, Lucrecia dio a luz a su hijo y, en un sorprendente giro de los acontecimientos, ¡el recién nacido fue reconocido por Alejandro VI! Cuando se hizo ver al papa que aquello suponía oficializar un incesto, el pontífice contesto: «la política es la política».

Lucrecia se casó con apenas 16 años con Alfonso de Bisceglie, pero su «felicidad» no duró demasiado; de nuevo César Borgia, movido por una alianza que consideraba más interesante, acabó con la vida de su cuñado en una emboscada. La viuda lo celebró bailando, aún de luto, en una orgía celebrada en el palacio de Sant´Angelo en la que algunos testigos aseguraron que yació con su hermano, en agradecimiento por liberarla de aquel matrimonio.

En paralelo a la intensa actividad criminal ligada a las relaciones familiares, los Borgia pudieron haber acabado con la vida de al menos 50 cardenales y obispos poco afectos por ellos. Hecho calificado por el papa Alejandro VI como «cadena de coincidencias» y que dio lugar a la fama del «veneno de los Borgia», sustancia de la que nunca se pudo demostrar su existencia, pero que provocó una más que sospechosa similitud en los síntomas y circunstancias de la sucesión de muertes.

Alejandro VI acabó falleciendo en 1503 por causas naturales. Su hijo César pereció en batalla cuatro años después durante el asalto al palacio de Viana; la última de los miembros del clan, Lucrecia, vivió hasta 1519. Contaba 40 años cuando falleció en extrañas circunstancias.

By | 2018-09-01T07:32:25+00:00 junio 9th, 2018|Perlas|0 Comments

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