La biblioteca de Alejandría, el legado que la historia nos negó

Mítica construcción dedicada al conocimiento donde las haya e instaurada plenamente en el imaginario popular, la Biblioteca de Alejandría consiguió algo más que reunir todo el conocimiento del mundo antiguo. Logró perdurar en la memoria del tiempo aun después de su destrucción.

“¿Para qué referirse a los libros, a la gran biblioteca y a las colecciones del Museo, cuando están en la memoria de todo hombre?”

Ateneo de Naúcratis. El Banquete de los sabios.

El lugar que atesoró todo el saber del mundo antiguo fue maltratado por la suerte y por los gobernantes fanáticos. La Biblioteca de Alejandría. Clic para tuitear

La Biblioteca de Alejandría fue ideada e inicialmente construida por Ptolomeo I Soter (367-282 a.n.e.) en los últimos años de su reinado.

Para su organización y dirección se hizo venir a Alejandría a Demetrio de Falera, que llegó a la ciudad en el año 295 a.n.e. y se convirtió así en el primer bibliotecario. Dicho cargo no tardó en convertirse en un excepcional honor en el mundo antiguo, llegando a ser uno de los tres funcionarios más importantes de Egipto.

Los Ptolomeos apoyaron y conservaron la biblioteca durante siglos. Dedicaron importantes sumas a la adquisición de libros y un ejército de copistas se ocupaba de traer nuevas obras desde todas las bibliotecas conocidas del Mediterráneo. En el siglo II a. n. e. el edificio inicial se quedó pequeño y Ptolomeo III Evergetes (246 adC-221 a.n.e.) creó la “Biblioteca Hija” en el Serapeum de Alejandría. Una de las pocas estructuras cuyos vestigios ha llegado hasta nuestros días.

Todo lo que sabemos sobre la biblioteca de Alejandría en sí, se debe a vagas referencias de los historiadores clásicos. No existe, que sepamos, trabajo alguno dedicado a describir el edificio, su contenido o su funcionamiento.

Así, la primera referencia nos la ofrece Estrabón, que describe un edificio de planta circular, con una gran apertura en su techo para la entraba luz natural, armarios para los rollos en sus paredes, bancos de estudio y varias estancias comunes que servían de comedor o salas de reuniones.

Tito Livio describe el edificio como uno de los más bellos que había visto, con numerosas salas llenas de estantes y libros.

Los historiadores hispanos Lucano y Séneca, nos relatan que la biblioteca formaba parte de un conjunto de edificios conocidos como “El Museo” y que albergaba también un zoológico, grandes jardines e incluso un laboratorio.

El Contenido de la Biblioteca de Alejandría

Las fuentes son confusas en cuanto al contenido total que llegó a albergar la Biblioteca de Alejandría. Tendremos que buscar una cifra plausible entre los quinientos mil y el millón y medio de volúmenes. Quizás el momento de mayor esplendor se produjo cuando Marco Antonio donó a Cleopatra el contenido íntegro de la Biblioteca de Pérgamo, cifrado en unos cuatrocientos mil volúmenes. Además de la cantidad, es la calidad de sus depósitos lo que la convirtió en la biblioteca más importante del mundo antiguo:

La Historia del Mundo de Beroses; Al menos cien obras de Sófocles, de las que solo perduran siete; Las obras completas de Arquímedes; Los libros perdidos de Aristarco, que describió un sistema solar heliocéntrico quince siglos antes de Copérnico; Herófilo de Calcedonia, que situó por primera vez la inteligencia y el raciocinio en el cerebro; Los trabajos de Sosígenes a quien debemos nuestro actual calendario; La biblioteca completa de Aristóteles; Tratados de Hiparco que inventó el sistema de latitud y longitud; Las obras de Eratóstenes que calculó la circunferencia de la tierra con un error del 1% y predijo que podía llegarse a La India navegando hacia el oeste desde Hispania; Los estudios de Herófilo, primero que describió el cerebro y el sistema nervioso como una unidad; o las memorias de Escipión el Africano. Todo se perdió.

La destrucción de la Biblioteca de Alejandría.

El primer desastre del que tenemos constancia ocurre en el año 48 a.n.e. Julio César arriba al puerto de Alejandría buscando a su rival en la reciente batalla de Farsalia y encuentra Egipto en mitad de una guerra civil. Los contendientes son Ptolomeo XIII y su hermana Cleopatra VII. Julio César pronto muestra su favor por esta última y las fuerzas de Ptolomeo, comandadas por Ganimedes, cercan la ciudad con el general romano y apenas una legión dentro, a lo que habría que sumar unos pocos fieles de Cleopatra.

La inmensa superioridad numérica de Ganimedes hace que Julio César tome algunas decisiones desesperadas, entre ellas, quemar sus propias naves en la bocana del puerto. Con esta acción hace que los restos hundidos de sus propios barcos impidan el acceso de las naves de sus enemigos. La arriesgada argucia es un éxito estratégico pero tiene una desastrosa consecuencia: el fuego se extiende al puerto y acaba afectando gravemente a la biblioteca. Algunas fuentes hablan de la pérdida de cuatrocientos mil volúmenes aquella fatídica noche.

Buena parte de los rollos perdidos en aquella ocasión bien pudieron recuperarse con la donación que realiza Marco Antonio a Cleopatra cuando ya eran amantes. Tenemos constancia de que la Biblioteca de Alejandría siguió en funcionamiento y con cierto esplendor. Así, Suetonio en su obra Vida de los Doce Cesares nos relata:

“…añadió al antiguo Museo de Alejandría otro nuevo que llevaba su nombre. Se estableció que cada año, en unos días determinados, se leyesen los libros de los etruscos en un museo y de los cartagineses en otro…”

Vidas de los Doce Césares. Vida de Claudio. XLII.

Entre los siglos III y IV Alejandría fue saqueada hasta siete veces. Los bibliotecarios lograron esconder y trasladar buena parte del contenido de la biblioteca pero en el año 297, la guerra entre Lucio Domicio Domiciano y el emperador Diocleciano, provocó un desastre mucho mayor que el acaecido en tiempos de Julio César. El emperador tras tomar la ciudad ordenó la aniquilación de sus habitantes hasta que la sangre llegase a las rodillas de su caballo. Buena parte de los textos que habían sido escondidos nunca serían encontrados al morir sus custodios. Posteriormente, el emperador ordenó quemar varios millares de tomos relacionados con la alquimia y las ciencias ocultas.

A finales del siglo IV son los fanáticos cristianos los que fijan su odio y su ira sobre la Biblioteca, su contenido y los estudiosos que la habitan. Los cristianos opinan que los textos de la biblioteca niegan la grandeza de su dios, son contrarios a sus propios libros sagrados y pecaminosos. Hordas de cristianos violentos reducen el edificio a escombros, queman su contenido y descuartizan viva a su ultima directora, Hipatia de Alejandría (355-415).

El asesinato será un escándalo en el mundo antiguo y provocará que el emperador Teodosio II castigue, con poca severidad, a los dirigentes cristianos. En paralelo, reclamó que los pocos volúmenes supervivientes del desastre fueran llevados a Constantinopla para su conservación. La Biblioteca de Alejandría no volvería a reconstruirse, pero la ciudad nunca dejaría de reclamar aquellos volúmenes hasta que fueron devueltos a principio del siglo VII.

Aquellos textos supervivientes aún legarían a la historia un vergonzoso capítulo más: Tras la conquista de la ciudad por el Califa Omar en el año 642, los musulmanes debieron decidir qué hacer con aquellos rollos. Tras varias consultas y debates el Califa Omar daría la siguiente indicación:

Si los libros contienen la misma doctrina del Corán, no sirven para nada porque repiten; si los libros no están de acuerdo con la doctrina del Corán, no tiene sentido conservarlos”

Cuenta la leyenda que aquellos últimos rollos sirvieron como combustible para los baños públicos de la ciudad durante seis meses.

By | 2018-05-27T09:05:36+00:00 abril 28th, 2018|Artículos|0 Comments

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