¿Cómo 168 españoles lograron derrotar a 30.000 Incas?

 

¿Cómo 168 españoles lograron derrotar a 30.000 Incas?

De ser cierta la crónica de Miguel de Estele, combatiente y, por supuesto, superviviente a la contienda, el 15 de noviembre de 1532 se habría producido una de las hazañas bélicas más increíbles de toda la historia. Francisco Pizarro (1471-1541), al frente de tan solo 167 hombres, logró derrotar a un ejército de 30.000 incas en la plaza de Cajamarca.

Los españoles habían levantado un campamento amurallado de unos 200 metros de lado con tres únicas edificaciones en su interior. Apenas a 3 km de allí estaban acampadas las huestes de Atahualpa, que ya habían perdido el miedo a los atronadores cañones españoles y sabían que bajo sus relucientes armaduras no había más que hombres mortales.

Pizarro invitó a su enemigo al interior del recinto con la excusa que alcanzar la paz. Atahualpa acudió en una litera cargada de oro y piedras preciosas, precedido de 80 cantantes y bailarines, y con una escolta armada de unos 3.000 hombres. Pero no es el líder español quien sale a recibirles, sino el monje dominico Vicente Valverde (1505-1542), que acerca una cruz de oro y una biblia al líder local con intención de que las bese. Atahualpa asegura allí mismo que el oro de la cruz ha sido robado a los incas y arroja la biblia al barro.

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—Venid, cristianos; el perro se resiste a nuestro Dios, matadlos a todos. Yo os perdono —grita Valverde haciendo que se desencadene el ataque español.

La primera carga es de caballería. 60 jinetes arremeten contra la confiada escolta de Atahualpa, al mismo tiempo que los españoles cierran las puertas del recinto para evitar que acuda ayuda del exterior. El propio Pizarro, al frente de 20 hombres, consigue capturar vivo a Atahualpa. El resto de indígenas intenta huir y se amontona en completo desorden contra las puertas. A partir de ese momento, los españoles tan solo tienen que ir avanzando provocando una masacre entre los incas. Sus armaduras soportan con facilidad los disparos de ondas y golpes de hachas o mazas con púas, con las que venían armados los indígenas. Dos horas después, finaliza la batalla con el sorprendente saldo de un español herido y miles de incas muertos. El resto del ejército de Atahualpa es repelido primero y dispersado después, a fuerza de cargas de artillería desde las murallas.

Exageraciones aparte, parece probado que las fuerzas de Pizarro no llegaban a los 200 efectivos y que el imperio Inca era el más poderoso de las tierras recién descubiertas. Cierto o no el relato de esta batalla concreta y del número de contendientes que midieron sus fuerzas, la conquista de Pizarro fue extraordinaria desde un punto de vista estrictamente bélico.

Cuarto de rescate. Recinto donde estuvo recluido Atahualpa.

A partir de entonces los españoles exigen rescate por el líder local. El propio Atahualpa ofrece llenar dos veces con oro y plata el recinto donde permanece retenido. Pizarro acepta la oferta y los incas acaban entregando 84 toneladas de oro y 164 de plata. A pesar de recibir el considerado como el mayor rescate de la historia, Pizarro incumple su palabra y ordena ejecutar al líder Inca, acusado de rebelión, poligamia y adoración de falsos ídolos. En ese momento el ejército indígena se había recompuesto y avanzaba desde el sur con dirección a Cajamarca. Sin embargo, al ser conocedores del fin de Atahualpa, la mayoría de ellos decide suicidarse para acompañar a su líder al otro mundo.

By | 2018-05-28T09:55:15+00:00 mayo 28th, 2018|Perlas|0 Comments

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